No hay espacio
entre los átomos del cielo
que no te hayan querido
antes del nacimiento de la efervescencia
entre el sol,
el sonido,
el silencio,
y el ruido que cruzó el ancho horizonte
buscando aquella hueca letra que alguien dijo.
No escuches el sonido del mar
si tu corazón apagado no sueña,
no sueñes tampoco conmigo
si tu corazón no late con un único ritmo.
El mar seguirá su camino,
los sueños encontrarán su destino.
El mundo seguirá su ritmo
y el bienestar crecerá entre el azul del cielo,
y el sueño de un dios medio dormido,
medio despierto.
Bésame entonces,
cuando muera,
-cobarde-,
porque en ese instante volveré a estar viva
diciéndote adiós,
bailando entre el aire.

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